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Enlaces de la campaña: Introducción / Escenario / Reglas / Bandos 

Trasfondos de facciones: I – II – III – IV – V – VI – VII 

Capítulo I: Parte I / Parte II / Desenlace

Capítulo II: Parte I / Parte II


Capítulo II: Medidas cautelares (el desenlace)

Batalla de La defensa del Herético:

desenlace 1

La desafortunada aparición del enjambre tiránido Cronos causó estragos en las filas de los Astartes; la división de sus fuerzas les condujo a una inevitable derrota que pagarían caro con efectivos y orgullo. Aunque los Templarios Negros combatieron con ferocidad y mantuvieron a raya a los organismos tiránidos, los Ángeles Oscuros del Gran Maestre Aun no pudieron imponerse sobre los heréticos atrincherados en las penitenciarias. Aprovechando esta refriega a dos frentes, los guerreros de Akhornax lo dieron todo por defender sus posiciones, invocando las más nauseabundas y horribles bendiciones de los dioses del caos. Los marines espaciales de los Ángeles Oscuros caían abatidos por el fuego caótico o eran tomado presos, logrando que el líder de éstos tomase una dura decisión para sus ideales: una retirada preventiva.

Los cadáveres de xenos, heréticos y astartes se acumulaban en montañas que bloqueaban la resplandeciente luz de Anduak, atrayendo fuerzas más allá de la realidad y la comprensión, como una neblina rojiza acechando a los incautos que permanecían paralizados por el miedo a la batalla. Cada uno de esos sacrificios contaba para la apertura del portal, y con un sacrificio final de un millar de apóstoles oscuros, cortándose su propio cuello con dagas rituales, un haz de luz empírea golpeó la superficie de Arntor. Akhornax había logrado su objetivo, estableciendo una cabeza de playa en el planetoide de cara a una futuran conquista del sistema entero. Y aunque la voluntad de los Caballeros de San Jorge era seguir combatiendo, la aparición de legiones demoníacas en el campo de batalla hizo que el Mariscal tomase la misma decisión que el Gran Maestre Aun. Los valientes Templarios Negros combatieron valientemente tanto a los Tiránidos como a los espontáneos demonios que se interpusieron en el frente, convirtiendo el campo de batalla en una vorágine de caos y destrucción incontrolable. La frontera entre lo material y lo inmaterial cada vez era más fina, y espontáneos portales vomitaban ingentes cantidades de criaturas atroces que apuñalaban y mordían a todo aquel que no alzase su voz para alabar a los dioses del caos.

Arntor estaba en manos del Caos. Arntor era irrecuperable. Arntor necesitaba un Exterminatus.

Kurgan (Caos) vs Manu (Ángeles Oscuros)

Mordier (Tiránidos) vs Torment (Templarios Negros) [Empate]

Batalla del Sacrificio de Valfar:

Si las cosas no podían ir peor para los defensores, la decisiva batalla que se tomaba en Valfar logró que la esperanza se desvaneciese ligeramente más. La alianza de los Guardianes de la Muerte del Maestro de la Guardia Philippo y los T’au contra las fuerzas necronas no fueron suficientes como para detener los planes de los ancestros guardianes de Anduak. La disputa se mantenía en un frágil equilibrio donde atacantes y defensores debían cuidar muy bien sus movimientos para no darle ventaja al oponente; las fichas se deslizaban cuidadosamente encima del tablero y con suma inteligencia para desbaratar los planes de los comandantes enemigos. Agotado de jueguecitos de razas jóvenes, El Guardián ordenó a toda su artillería pesada concentrar el fuego sobre la presa de contención: monolitos necrones descendieron de los cielos golpeando con sus rayos energéticos los cimientos de la misma, y aquellos que no eran derribados por el fuego T’au o astartes, arremetían violentamente contra la estructura de la presa. Las bajas necronas aumentaron considerablemente, pero el plan resultó, pues una brecha se abrió en la sólida estructura para dejar que un potente chorro de agua se hiciese paso hasta las instalaciones energéticas. Y como una bola de nieve que desciende rodando por una colina, la grieta creció y creció hasta que la fuerza de la naturaleza volvió a dominar aquellos lugares que el hombre le arrebató con ingenio. El comandante T’au Shas’O Aloh Mont’au  nunca llegó a plantearse un plan tan desesperado por parte de los hombres de hierro, sorprendiendo hasta el mejor de sus consejeros de guerra sobre la verdadera necesidad que tenían los necrones por tomar la Central de Energía V-566.

Anegándose la zona con rapidez, la alianza defensora tuvo que tomar una retirada precipitada antes de que las tropas fueran arrastradas por la inexorable fuerza natural de Valfar. Lamentablemente, para los necrones, eso quería decir que los generadores de plasma de la Central de energía V-566 no podrían sobrecalentarse, y decidieron improvisar en su plan: mientras recuperaban los restos de sus legiones, El Emperador Sarkoni ordenó la detonación de las centrales de energía que habían sincronizado previamente, generando una cadena de explosiones que recorrió rápidamente el hemisferio norte del planeta. El ensordecedor estruendo enmudeció el torrente acuático, e hizo que todo aquel ser sentiente que aún permanecía en Valfar intentase buscar un refugio, pese a un inevitable destino que dejaría que la joya paradisíaca de Anduak no volviese a ser nunca la misma.

Un brillante destello iluminó todos los rincones de Anduak, casi compitiendo con la luz de la propia estrella.

desenlace 2

Edu/tagid (Deatwatch) vs Ministre (Necrones)

Edu (T’au) vs Carles (Necrones)

 La Batalla del Complejo Secreto de la Inquisición:

Posiblemente no fue la batalla más cruenta del momento, teniendo en cuenta la enorme cantidad de sangre derramada en Arntor, pero en Borealis los glaciares se impregnaron de rojo, haciendo que el cielo reflejase un aura anaranjada cuando el sol del sistema Anduak se coló entre los escarpados picos del planeta helado.

El Capellán Rydik logró una cómoda victoria ante las hordas pieles verdes, mermadas por las armas automatizadas del complejo secreto. La disciplina y firmeza de sus hombres respecto al Codex Astartes fueron impecables para lograr que los bárbaros del clan orko de Harrisork “Pateakuloz” se lo pensasen dos veces antes de intentar meterse en un agujero sin aparente salida, como era el complejo de la Inquisición. El kaudillo vociferaba insultos a sus chikoz para intentar reagruparlos, y aunque golpeó violentamente a algunos de sus nobles para que espabilasen a los guerreros, sentir el fuego cruzado de los Drukhari y el Astra Militarum no ayudaba demasiado a conseguir coordinar las fuerzas. Con su garra de kombate, Harrisork señaló al astuto capellán que dirigía a la antigua 10ª Compañía de Ultramarines, amenazándole con rebanarle la cabeza y pincharla en uno de sus estandartes la próxima vez que se cruzasen.

Y aunque las salvas de artillería derribaron muchas aeronaves y deslizadores de Los Cazadores Pálidos de Druvaldi, estos fueron capaces de llegar hasta las entrañas de la columna mecanizada de La Jauria Errante. Un combate entre bayonetas y cuchillas, navajas y zarpas se sentenciaba con disparos a bocajarro de los atronadores Leman Russ que abrían las fuerzas imperiales. El Coronel Maneth peleó con crudeza ante los xenos, logrando que los instintos primarios de éstos tomasen posesión de sus cuerpos e iniciasen una retirada antes de que más almas se perdiesen en la refriega. De todas maneras, Druvaldi sabía que muchos de los suyos eran dispensables, mientras acababa capturando a desorientados orkos y Ultramarines que buscaban cobertura entre las derruidas casas y graneros. Las perturbaciones en los portales de la telaraña debido a las acciones heréticas de Akhornax y el inusitado destello en el planeta Valfar pusieron en retirada al líder de Los Cazadores Pálidos, con tal de reagruparse e informarse adecuadamente de lo que estaba sucediendo en los otros lugares del sistema.

Con los Drukhari en retirada y los Ultramarines persiguiendo a los pieles verdes por las estepas menos heladas de Borealis, el Coronel Maneth se adentró en el Complejo Secreto de la Inquisición. La radio sonó inmediatamente, y en nombre del Inquisidor Maximus se ordenó mantener la posición hasta que él mismo se personase en Borealis. El comandante de La Jauría Errante hizo caso omiso a las palabras del inquisidor, asegurándose los niveles superiores del complejo, pero algo le olía a chamusquina cada vez que se adentraba más y más en las entrañas de ese lugar: runas indescifrables escritas en sangre decoraban techos y paredes del complejo, así como cadáveres mutilados se esparcían por los suelos. Él y sus más valientes soldados se abrían paso ante el olor a podredumbre, mientras un inusual calor hacía que la sangre de los cuerpos esparcidos se alzase como una neblina sangrienta que obstruía la visión de los pasillos.

Y en la última de las salas, blindada con enormes puertas repletas de sellos consagrados al Emperador, levitaba una espada envuelta en un aura que producía escalofríos a los valientes veteranos de La Jauria Errante. De tamaño inhumano,  su serrado filo estaba cubierto por las mismas runas que decoraban los pasillos, así como un lustroso pomo enjoyado generaba un pulso rítmico de intensas luces y  opacas sombras que abarcaba toda la habitación. Once cadenas rotas yacían alrededor de la espada, con eslabones rotos y fundidos por una desconocida energía. Maneth se acercó a ella, atraído como si fuera un canto de sirena, mientras que de su boca se forman palabras ininteligibles para el resto de presentes; estirando su brazo, la espada se deslizó lentamente por el aire hasta que sus dedos se cerraron sobre el puño del artefacto, y repitió el mantra que las fuerzas sobrenaturales le susurraban dentro de sus pensamientos:

“Soy la asesina de los dioses, la vengadora del odioso. Empúñame y  destruye las almas de tus enemigos”

Eric (Ultramarines) vs Harrison (Orkos)

Chema (Astra Militarum) vs Eladi (Drukhari)

desenlace 3

Pensamiento del día: “Los sueños oscuros se ocultan en el corazón”.