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Capítulo I: Ecos de la disformidad (el desenlace)

La guerra comenzó en una vertiginosa carrera por la supervivencia, donde solo aquellos luchadores más bravos y mejor capacitados saldrán enteros de este matadero. La sangre comenzaba a teñir la tierra del sistema solar Anduak, a regocijo de Khorne; las calles industrializadas de Avernus rezumaban un olor a óxido con el amargor en la boca de la sangre reseca de los combatientes caídos. El hedor de los cadáveres tiránidos descomponiéndose en las cristalinas aguas de Valfar contrastaba con los hermosos paraísos que vorazmente se estaban consumiendo por el enjambre tiránido Cronos. Y la meseta escarlata hizo honor a su nombre una vez más.

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Batalla de la Meseta Escarlata (Regalis Major):

En la Batalla de la Meseta Escarlata las fuerzas imperiales destinadas a recuperar la información sobre el “evento cero” fueron presionadas hasta sus límites, logrando una victoria mínima en el desértico suelo de Regalis Mayor: la antigua 10ª Compañía de Ultramarines, dirigida por el Capitán Máximo Quintel, logró mantener a raya los renegados de Akhornax, mientras lograban poner bajo su seguridad los registros de la energía disforme del suceso que inició la guerra. Las fuerzas de los Ángeles Oscuros del Gran Maestre Aun y la Guardia de la Muerte comandada por el Maestro de la Guardia Aurelius demostraron una férrea fe en el Emperador, reteniendo a los xenos el máximo tiempo posible. Los necrones que avanzaban hacia el Centro de Investigación de la Disformidad implacables, obligando finalmente a los valerosos marines espaciales retirarse tras ser informados por el Capitán Máximo Quintel que la extracción fue exitosa. Pese a ello, un gran sacrificio tuvo que realizarse: casi todos los efectivos de la fuerza interventora de la Guardia de la Muerte cayó o desapareció en combate, dejando una montaña de caparazones quitinosos, garras óseas y bilis purpúrea regando el territorio colindante al complejo científico. Tan brutal fue la defensa de los soldados del Maestro de la Guardia Aurelius que los restos nauseabundos del enjambre tiránido Cerberus eclipsaban la luz solar. Los organismos xenos menores vagabundeaban confusos por el campo de batalla tras la pérdida de sus principales nexos sinápticos.

Con la retirada de los defensores del Imperio y con el enjambre tiránido que atacó la base casi aniquilado, el paseo triunfal de los guerreros necrones de El Imperio de los Mutilados fue solemne y silencioso, únicamente perturbado por el gorgoteo de la sangre de tiránidos y marines espaciales caídos. Su líder, el Emperador Sarkoni, se introdujo en el Centro de Investigación junto a sus escarabajos cepomentales; con su avanzada tecnología pudo obtener una copia de los registros que el Capitán Máximo recuperó, además del disco duro principal del módulo central, donde se guardaban todas las comunicaciones captadas por la antena. Una vez tenían lo que buscaban, desaparecieron tan rápido como aparecieron, bajo la atenta mirada de los ocultos marines espaciales del caos y cultistas de Akhornax; aunque su ataque fue frustrado por los Ultramarines, fueron oportunistas y cualquier resto del campo de batalla podría ser aprovechado para continuar con sus planes. Recuperaron armamento, comunicadores y capturaron a los pocos supervivientes imperiales que apenas permanecían con vida con el único propósito de interrogarlos y hacerlos sufrir. No lograron obtener información alguna del Centro de Investigación, pues parece ser que los escarabajos cepomentales del líder necrón acabaron con la vida de los servidores que controlaban el complejo. Aun así, podrían seguir los pasos de los defensores imperiales pinchando sus comunicaciones subespaciales.

Tiránidos (Mephisto) vs Deathwatch (Xavi) [No jugado]

Caos (Kurgan) vs Ultramarines (Eric) 

Necrones (Carles) vs Ángeles Oscuros (Manu) 

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La última resistencia de Tom Highway (Valfar):

En el otro extremo del sistema solar, el General Tom Highway y sus hombres eran rescatados por La Jauría Errante. Su oportuna aparición golpeó duramente en los planes de los necrones guiados por El Guardián, abriendo una ventana para que toda la información recopilada por el valeroso oficial humano no cayera en malas manos. El incesante bombardeo de la artillería de los tanques del Coronel Maneth retrasó lo suficiente a los metalizados xenos para que los restos de las Fuerzas de Defensa Planetaria de Valfar subieran a los transportes. Sumando el inusual apoyo de los guerreros de Shas’O Aloh Mont’au, frenando con garantías al enjambre tiránido Cronos, los científicos y civiles refugiados en la Instalación de Investigación Biomédica IV pudieron evacuar el planeta en las pocas lanzaderas disponibles; aunque algunas de ellas fueron derribadas durante el despegue, la mayoría salieron ilesas de camino a la capital del sistema.

Pese a los esfuerzos de los T’au, el número del enjambre era abrumador y se extendía a kilómetros alrededor de la instalación. La flota tiránida comenzaba a cerrar sus fauces sobre el planeta y las posibilidades de limpiarlo cada vez eran más remotas, más recuperarlo en el estado previo a la invasión. La única opción que contemplaba Shas’O Aloh Mont’au era la destrucción del planeta para evitar que el enjambre saliese reforzado, y sabía perfectamente que la flota imperial contaba con armamento para ello. Más esperanzados, el General Tom Highway y el Coronel Maneth intercambiaron información sobre la localización de otros focos de resistencia en Valfar, así como posiciones claves que no debían caer bajo ninguna circunstancia; en cualquier caso, esas instalaciones estaban preparadas para la autodestrucción. El líder de La Jauría Errante sabía que el pacto con los T’au era un frágil hilo sostenido por circunstancias excepcionales, así que decidió facilitarle las claves para una óptima comunicación subespacial entre las dos fuerzas de combate.

La búsqueda de respuestas continuaba siendo infructuosa para El Guardián; el líder necrón tuvo en sus garras al General Tom Highway después de una larga persecución a través de mortales interrogatorios y deducciones precipitadas, y todo se fue al traste por la intervención de un apoyo inesperado. Mientras que los mortales luchaban por su supervivencia, él sentía en el fondo de su ser que su propósito iba más allá de vivir un puñado de años más, sentía que se trataba sobre un plan mayúsculo que se tejía a sus espaldas por fuerzas incomprensibles. Lamentablemente tampoco podía acceder a la  Instalación de Investigación Biomédica IV de valfar, ya que en cuestión de minutos toda la zona se abnegó de ingentes organismos tiránidos del enjambre Cronos, y El Guardián no quería perder el tiempo con ellos; recogió a sus caídos y dejó que las criaturas más grandes de los tiránidos derribaran el complejo científico.

Necrones (Ministre) vs Astra Militarum (Chema)

Tiránidos (Mordier) vs Imperio T’au (Edu)

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 El gambito de Druvaldin (Avernus):

¡Emboscada! Los Drukhari no esperaban la feroz resistencia dispuesta por los Templarios Negros; los Caballeros de San Jorge mantuvieron las posiciones y rechazaron con fe y fuego bólter el embate de los incursores de Druvaldin. El grupo de combate liderado por el Castellano Santiago causó bajas entre las filas de los xenos, aunque no pudo evitar que algunos de sus hermanos fueran atrapados por las redes de captura de algunos deslizadores y arrastrados a la oscuridad de la Telaraña. Los Cazadores Pálidos, no demasiados satisfechos con el botín obtenido, emprendieron una retirada táctica para evitar un combate demasiado duradero donde tenían las de perder, pues su mejor baza era la rapidez y la sorpresa. Druvaldin interrogaría a los marines espaciales capturados antes de llevarlos a las arenas de Commorragh; sus métodos superarían con creces cualquier disciplina y defensas mentales impuestas en los mejores guerreros de la humanidad, mientras recolectaría más candidatos para tener buena diversión en el coliseo del dolor. Antes de retirarse, su mirada, junto a una macabra sonrisa, se topó con la del astuto kaudillo orko que apareció para atacar a los Guardianes de la Muerte que cubrían la retaguardia templaria; sería un buen gladiador.

El Kaudillo orko Harrisork “Pateakuloz” no se inmutó ante la escalofriante y provocativa mirada de Druvaldin; es más, se sintió alentado a arriar a sus chicos contra los escuadrones de la Guardia de la Muerte. El tren saqueado avanzó entre las filas de los marines espaciales hasta que por el propio peso descarriló. Entonces comenzó un terrible combate cuerpo a cuerpo donde los vapores de Avernus y el humo de los Akribilladores rugiendo formaron una densa nube que se precipitaba entre los vagones ferroviarios. El Maestro de la Guardia Philippo tenía experiencia combatiendo a los pieles verdes, pues una vez recuperados del factor sorpresa, reordenó y organizó con serenidad y precisión a sus fuerzas de combate contra el Whaagh Orko. Su principal objetivo era defender los vagones negros sellados con el símbolo del Adeptus Astra Telepatica, y lo hizo con creces: rechazó duramente todos los intentos de “Loz Piñoz Zucioz” por conseguir la ventaja en la batalla y logró hacer que, entre rabia y frustración, el líder orko ordenase una retirada precipitada de sus invasores. Aunque lo lógico hubiera sido perseguirlos por las manufacturas y las fábricas de Avernus, el comandante de los Guardianes de la Muerte ordenó reorganizarse junto a los Templarios Negros e investigar sobre los vagones negros. Rompiendo sus sagrados sellos, Philippo fue sorprendido por la ingente de niños humanos que se encontraban en la mayoría de los vagones; desnutridos y sucios por el hollín de Avernus, estaba claro que eran transportado a una de las Naves Negras del Adeptus Astra Telepatica.

 Drukari (Eladi) vs Templarios Negros (Torment) [Empate]

Orkos (Ángel) vs Deathwatch (Edu/Tagid)

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La disputa por el espaciopuerto (Regalis Minor):

Pese a la superioridad de las flotas invasoras, su falta de organización les costó caro a la hora de tomar o inutilizar el espaciopuerto principal del sistema Anduak. Regalis Minor resistió contundentemente las ráfagas de torpedos y bombas enviadas a inhabilitar las estructuras defensivas, mientras los grandes acorazados imperiales impedían el paso a cualquier barcaza de abordaje que tratase de sabotear las instalaciones. Sintiendo la poderosa unión de las flotas leales al Emperador, sumando el casual apoyo de los xenos T’au, los navíos de “Los Malditos de Kurgan” se refugiaron en el cinturón de asteroides más exterior al sistema, mientras que las dos flotas necronas desaparecían en el abismo vacío interplanetaria. Quien salió más perjudicado de la contienda espacial fue el enjambre Cerberus, empeñado en asediar el planeta capital Regalis Major, recibiendo toda la potencia de fuego aplastante de los cruceros imperiales. Pese a todo, recuperar la funcionalidad normal del espaciopuerto requería de reparaciones largas durante días, y muchos de los efectivos de la flota defensora perdieron su capacidad motora, necesitando asistencia de técnicos y remolques espaciales. Aun así, su defensa había sido una clave para la victoria moral de Anduak.

Flota invasora (2 victorias) vs Flota defensora (4 victorias)

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