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Deathwatch: Destacamento Interventor Kill Teams del Comandante Philippo/ Edu (Tagid)

¡Maldita sean todos los dioses del Caos! — Si Philippo, el Comandante del destacamento “Vigilia de la Muerte” hubiera llegado a saber que estas palabras pasarían a la historia, con toda seguridad se hubiese parado a pensar por un momento para escoger otras más adecuadas. Con expresión adusta giró la cabeza lentamente y observó uno a uno los rostros de todos los hombres allí reunidos y que tanto respetaba. Suspiró para sus adentros, buscando una pizca de paz interior, y empezó a hablar como aquel que siente que sus palabras han sido oídas repetidas veces durante muchos años.

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Mis Vigías… — Carraspeó hasta recuperar su solemne voz — ¡Mis Vigías! Hoy lucharemos, nos sacrificaremos por todo aquello que creemos y lo haremos de pie, sin abandonar un ápice de terreno y arrebatando las esperanzas de victoria a toda aquella escoria xenos, aquellos malnacidos heréticos y toda la demás calaña inmunda que se atreva a enfrentarse a los Vigías de la Muerte. Honraremos a todos los hermanos que han caído en el cumplimiento de su deber, y con orgullo arrastraremos a los enemigos de la humanidad al pútrido pozo de donde han salido. Salvaremos a aquellos… 

Todos los presentes conocían del mal despertar de Philippo, sobre todo en aquellos momentos de tensión y estrés previos al desembarco en los campos de batalla de estrellas lejanas a la luz del Emperador. Sus palabras eran sentidas con respeto y terror a partes iguales, erizando los pelos de aquellos novicios que aun conservaban alguno, y que observaban con ojos desorbitados y asombro la imponente figura de su Comandante. Es cierto que pertenecían a un cuerpo militar bien entrenado y disciplinado, pero escuchar el sermón de aquella voz cavernosa y sentir clavada la celeste mirada del curtido Philippo les hacía encoger el alma. Aun así, en sus palabras encontraban confort y esperanza y entendían que nunca estarían solos en la batalla, puesto que eran individuos con un mismo propósito.

Las noticias de una gran acumulación de xenos en el subsector Merovingian no habían pasado desapercibidas entre las filas, y las órdenes de preparar todo el armamento disponible auguraban una cruenta batalla por planetas que posiblemente no mereciesen la salvación. Era mala suerte, o no, que toda esta situación atrapase tan cerca a los Vigías de la Muerte, ya que su flota se encontraba en órbita sobre los medievales planetas del sistema solar Skaar. Los estudios e investigaciones de criaturas primitivas eran importantes para desarrollar contramedidas y mejorar el armamento, aunque muchos de los integrantes de los Vigías de la Muerte preferían la acción más directa en los pecios espaciales que la disformidad lanzaba aleatoriamente por la galaxia.

—… y no estamos solos en esta contienda, pues muchos de nuestros hermanos Adeptus Astartes también han acudido a la llamada de socorro. El Inquisidor Maximus confía en nosotros como la fuerza aniquiladora que somos, y por nuestra larga experiencia combatiendo a los xenos que ahora desean profanar las tierras del Emperador para cumplir sus repugnantes propósitos. ¡Mis vigías! En este fatídico día brindaremos luz a aquellos que han caído en las sombras de seres que nos odian y nos destruyen, somos espada y escudo, puño y corazón. ¡Somos Vigías de la Muerte! 

Philippo sabía que a muchos de sus fieles guerreros no volvería a verlos, y los que volviesen de Merovingian no serían los mismos. Resignado por la situación, debía dar ejemplo y ser el primero de todos en dar el cien por cien para conseguir el objetivo que les ha sido encomendado. Debía ser algo que largamente ya se había cansado de ser.

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Orkos: Clan de “Loz Piñoz Zucioz” / Ángel

 

Hace mucho tiempo el subsector Merovingian fue azotado por una fuerte marea verde que trajo caos y desesperación a los ciudadanos del Imperio. Esta inmensa invasión fue lanzada desde la superficie de Golgotha, mundo orko que el infame Ghazghkull Traka infestó después de la Segunda Guerra por Armaggedon. Gracias al Emperador y al sacrificio de millones de soldados del Astra Militarum, los pieles verdes fueron rechazados y devueltos a su planeta de origen.  O eso se creía.Orks_Icon

Una vez los orkos atacan un planeta es muy difícil eliminarlos por completo, y así ocurrió en Merovingian. Todos los esfuerzos fueron inútiles para arrancar un mal que se había enraizado en las profundidades de los mundos colmena. Estos astutos orkos se ocultaban en las sombras que ofrecían las cloacas y acechaban a los incautos a través de los sistemas de ventilación. La capital del subsector fue aterrada durante décadas por estos escurridizos xenos, enloqueciendo tanto a las Fuerzas de Defensa Planetaria como a los inquisidores del Ordo Xenos que asistieron al planeta. Su astucia rivalizaba las mentes de los mejores estrategas, y sus técnicas de ataque y evasión provocaron que muchos gobernadores planetarios dimitieran de sus puestos por pura impotencia.

Se hacían llamar “Loz Piñoz Zucioz”, y encontraron un reconfortante hogar bajo la inmundicia del mundo colmena. El líder, Harrisork “Pateakuloz”, nunca quiso volver a Golgotha y muchos de sus chicos lo siguieron en esta increíble resistencia a su expulsión. Recorren con sus destartalados vehículos y motocicletas las cloacas y canales de residuos de Merovingian como si hubiesen estado allí toda la vida, y pelearon ferozmente por el dominio de los niveles inferiores contra bandas de mutantes, asociaciones de exiliados, gremios de traficantes e incluso cultos a los dioses del caos. El número de orkos que habitaban los abandonados suburbios crecía exponencialmente y llegó un momento que fueron demasiados. El liderazgo fue cuestionado y a Harrisork “Pateakuloz” cada vez le costaba mantenerse en la cúspide de su clan. Era hora de declarar un… ¡Whaaagh!

Casualidad fue que los Eztrambótikos del clan tuviesen visiones, balbuceando indescifrables palabras antes de que cayesen en estado comatoso. En su febril estado, los sabios psíquicos descifraron el mensaje otorgado por sus dioses, refiriéndose al azote disforme que fustigó el subsector como una señal de Gorko y Morko. Harrisork “Pateakuloz” solía ser escéptico en estas cuestiones, pero sus chicos no. Si esto le ayudaba a mantener su posición y de paso rebanar algunos pescuezos le era más que suficiente. El kaudillo contactó con los oprimidos gremios de traficantes y les amenazó con su propia supervivencia para que les ofreciesen sus mejores navíos. Ante tan magnífica diplomacia, los traficantes humanos no pudieron resistirse y aceptaron de buen grado este trato, siempre que el clan de “Loz Piñoz Zucioz” se marchase de Merovingian.

Los mekánikoz y manitas adecuaron los transportes espaciales a su propia tecnología mientras Harrisork “Pateakuloz” negociaba con el actual gobernado planetario que los cañones de defensa orbital no disparasen cuando saliesen de la atmósfera; un par de garrazos y hachazos fueron más que suficientes. Dejando a los individuos más débiles y lisiados del clan en Merovingian para proteger sus guaridas, “Loz Piñoz Zucioz” se aventuraron de nuevo al frío vacío espacial en búsqueda de las profecías prometidas por sus dioses, además de saciar su sed por volver a pelear contra rivales dignos de un piel verde.

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